Normalmente
cuando expresamos nuestras ideas, en el momento que las externamos ya puede “contaminarse”
nuestro mensaje. ¿Por qué? Porque cuando emitimos nuestro mensaje lo pensamos
en términos de nosotros mismos, es decir, cómo los entenderíamos nosotros. En
la clase de relaciones humanas se realizaron varias actividades. Primeramente,
un compañero explicó a dos compañeras cómo dibujar unas figuras que estaba
viendo. Los mensajes que ellas recibían eran interpretados diferente a como él
esperaba y el dibujo no era igual que lo que él vio. Otro ejercicio interesante
fue el de observar dibujos de percepción que traen dos figuras en una, en la cual
tal vez solo se percibía una. Tendemos a olvidar que todos tenemos percepciones
diferentes y, por lo tanto, recibimos y comprendemos el mensaje de manera
diferente. Por esto es importante tomar en cuenta al receptor y tratar de
codificar nuestro mensaje de forma que lo pueda recibir e interpretar lo más
similar posible a lo que se deseaba comunicar.
Cuando
nos comunicamos debemos comprender que los hombres y las mujeres nos
comunicamos de manera diferente. Las mujeres tienden más a la simpatía, elogiar
a los demás, buscar la cortesía y la conciliación. En cambio, los hombres
suelen tomar la conversación para mantener su posición, mostrar sus
habilidades, resolver problemas solos, criticar el trabajo de los demás, dirigir
la conversación, intimidar y buscar reconocimiento. Ambos géneros poseen
características positivas y negativas, pero ignorar estas diferencias puede
traer grandes consecuencias. Si una mujer no es consciente de cómo son los hombres,
probablemente se sentiría ofendida si un hombre critica su trabajo, tomando el
comentario de manera personal. A un hombre le puede molestar cuando una mujer
está hablando de resolver un problema juntos, cuando él desearía hacerlo solo. No
considerar las diferencias produciría un ambiente de trabajo tenso, con
malentendidos y poca tolerancia, causando repercusiones en los resultados del
trabajo y las relaciones laborales.
Otro aspecto importante es que no
comunicamos solo con palabras. Los elementos que tienen más peso a la hora de
comunicarnos son el tono de voz y el lenguaje corporal. Para una comunicación
asertiva debemos considerar nuestra postura, nuestras miradas, nuestro tono de
voz, cómo movemos las manos, hacia donde se dirige nuestra mirada, y que la
persona sepa que tiene toda nuestra atención. Por esto es tan difícil la
comunicación por cartas, chat y mensajes de texto. El lenguaje verbal abarca
sólo un 7% de la comunicación. Cuando escribimos una carta o chateamos imaginamos
el tono de voz en el cual “decimos” el mensaje; pero a la hora de recibir el
mensaje la otra persona, puede leerlo con un tono completamente diferente. Esto
da lugar a muchos malentendidos que, personalmente, creo que deben ser
solucionados en persona o teléfono. Por esto debemos tomar en cuenta esta
información a la hora de redactar algún mensaje.
Aún
en la comunicación en persona existe la gran probabilidad de enfrentarnos a
malentendidos. Para asegurarnos de que estamos dándonos a entender o que
estamos comprendiendo el mensaje en el momento de comunicarnos, la recapitulación
es una herramienta muy importante. Cuando parafraseamos lo que la otra persona
está diciendo o volvemos a decir las ideas centrales de nuestro mensaje, se abre
la oportunidad de aclarar las dudas y malas interpretaciones que pudieron
surgir al emitir el mensaje.
Una
herramienta eficiente es la metacomunicación. ¿Qué hacemos cuando alguien no
nos quiere escuchar? Cuando alguien no nos escucha rara vez sabemos el motivo.
No sabemos si no desean escuchar nuestras sugerencias, si han tenido un mal
día, si están muy ocupados, etc. En vez de molestarnos debemos recurrir a la
metacomunicación, es decir, expresarle a la persona nuestro deseo de hablar,
aunque sea en otro momento. No tiene sentido hablar con una persona en un
momento en el que no nos va a escuchar. Podemos preguntarle a la persona si hay
algún problema y decirle: “Desearía compartir unas ideas contigo. Si ahorita no
es un buen momento, te buscaré en otra ocasión”. Es mejor esperar a que haya un
espacio apropiado para comunicar bien el mensaje antes que tener una comunicación
inmediata con un resultado contraproducente.
Comprender
cómo funciona la comunicación y qué herramientas benefician la comunicación
correcta nos permite expresar nuestras ideas de manera efectiva. La
comunicación no es unilateral, necesitamos del receptor y de su
retroalimentación. Debemos aprender a escuchar más y tomar en cuenta al
receptor, sus necesidades, su personalidad y facilitarle el mensaje. Entre más
comprendamos al receptor, más sencillo será entregar un mensaje exitosamente. Escucha
a los demás. Expresa tus ideas para que
sean escuchadas, pero sobretodo entendidas… ¡Comunícate!
Excelente video Lisa.
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